Expresionismo sobre cartón


Gerard Rosés nació en Barcelona el año en el que murieron Edward Munch, Vasily Kandinsky y Piet Mondrian, y en el que la Galería Lefevre presentó la primera exposición individual de Lucian Freud, que incluía la obra La habitación del pintor (1944), una de las más características de esa época.

Este pintor catalán, con una rica trayectoria internacional de más de veinte años, utiliza el cartón como soporte en piezas tanto pequeñas como monumentales, y entre las ondulaciones de éste refleja la joie de vivre.

Como artista completo no limita su creatividad a los campos de la pintura y la escultura, sino que ha adoptado además las ventajas del lenguaje audiovisual para abarcar los múltiples matices de la realidad urbana. Porque Gerard Rosés es un artista citadino por excelencia que quiere compartir la belleza de lo cotidiano insertando también lo natural en el espíritu de la ciudad.

Sus tonos cálidos, armónicos y bien delimitados, entre el expresionismo del que bebe, y el fauve, invitan al placer, a la contemplación, pero también a la reflexión sobre una realidad en continuo cambio. En Rosés la modernidad es frescura.


... su trabajo toma relieve en todo el sentido del termino: sus telas -de escenas campestres, de bañistas, de ventanas abiertas sobre el mar o sobre largas calles soleadas- son, en efecto, compuestas de cartones encolados y pintura al mismo tiempo. Para su intermediario, Rosés invita a la mirada a penetrar dentro la toilette y, de alguna manera, a convertirse en actor. Rosés reproduce, con anhelo de quien ama la simplicidad, las imágenes que fluyen de la fuente. Y es el agua, por cierto, un tema que él desarrolla con resonancia de óleos lejanos de Renoir, Cézanne o el Picasso del periodo azul. Su pintura conduce la felicidad.

Francesc Miralles, GERARD ROSÉS, CONTEMPORANEÏTAT AMB TRADICIÓ. ED. MEDITERRÀNIA, 2001